
Hay frases, fragmentos y estrofas de libros leídos,
y películas que se vuelven inolvidables.
Historias que nos sorprenden y nos emocionan
cada vez que las releemos o volvemos a ver.
Personajes mágicos con los que habitamos otras vidas,
y cuyas palabras memorables nos hacen disfrutar
como si fuera la primera vez.
Gabriel de la Concepción Valdés, conocido como Plácido, nació el 18 de marzo de 1809, en la Habana y condenado a morir fusilado, en Matanzas, con solo 35 años, el 28 de junio de 1844.
Es un poeta cubano muy popular en el siglo XIX, hijo de una bailarina española y un peluquero mulato.
No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber alimentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
“Llegó así el 8 de enero. Los habaneros inmovilizados frente a los televisores, esperaban el momento de volcarse a la calle para saludar a los rebeldes. De balcones y ventanas colgaban banderas cubanas y la enseña roja y negra del Movimiento 26 de Julio. Las mujeres lucían en su vestuario los mismos colores perseguidos hasta poco antes. En el automóvil va Fidel desde el Cotorro hasta la Virgen del Camino. Aborda allí un jeep para internarse en la ciudad.
El coronel no supo si había oído esa palabra antes o después del sueño. Estaba amaneciendo. La ventana se recortaba en la claridad verde del domingo.
Pensó que tenía fiebre. Le ardían los ojos y tuvo que hacer un gran esfuerzo para recobrar la lucidez.